Si te mueves
no sales en la foto,
me dijeron.
Aquí
quietecito
y
calladito.
Muy guapo,
me decían.
Salí corriendo.
Si te mueves
no sales en la foto,
me dijeron.
Aquí
quietecito
y
calladito.
Muy guapo,
me decían.
Salí corriendo.
Lo reconozco.
No camino
en la dirección
que todo el mundo espera.
Abren sus brazos,
ponen sus trampas
y fingen su amor.
Por eso cuando
les veo venir
prefiero
el camino largo
y lleno
de cardos.
Entonces
plantan sus piernas,
cierran sus mentes
y discuten para discernir
quien ha de cargar
toda la culpa.
Yo ya estoy lejos.
Tan lejos
que los noto
aquí al lado.
Lo encontré
bajo el sofá.
Rígido.
Inmóvil.
Brillante
aunque un poco oxidado.
Desconozco cuanto
tiempo llevaba allí.
Lo miré.
Me miró.
Y entonces
decidí dejarlo en paz
para que siguiera
su eterno descanso.
Una rosca del 14.
Guarda tu explicaciones.
Ahorra saliva.
Ya formaron sus prejuicios
y sus creencias.
Firmes
como la estupidez.
Plácidas y mulliditas.
Ajenas
a cualquier
intento de
dotar de luz
a la caverna.
Sería de mal gusto
que vinieras
ahora tú
a ventilar esta casa.
Sus modos.
Sus normas.
Sus reglas.
Un camino marcado
y la resignación.
Un sentido divino
y la máscara dispuesta.
Sus reglas.
Sus normas.
Sus modos.
Y todavía tienen
la desfachatez
de preguntar
¿por qué no sonríes?